sábado, 23 de junio de 2012

"En la poesía la fuerza ética precipita con la energía estética"

Gabriel Impaglione, escritor argentino, cuya poesía transita entre lo amoroso y lo social, estuvo en Venezuela con motivo del 8° Festival Mundial de Poesía


Texto: Carmen Isabel Maracara. Foto: poeticadigital-imagenes.blogspot.com




Gabriel Impaglione (Argentina, 1958) conjuga en su poesía dos grandes temas, acaso más bien búsquedas vitales, cuyo llamado no es fácil de atender sin caer el primero en la cursilería, el segundo en el panfleto: el amor y lo social.


Pero como es “hombre de amor tomar”, no le tiene miedo a ninguna de las dos y por eso nos regaló durante el 8° Festival Mundial de Poesía, realizado en Caracas, Venezuela y en todos los demás estados del país, los versos amantísimos a su Giovanna (Giovanna Mulas, reconocida narradora y poeta italiana), el abrazo fraterno a todos los poetas participantes del festival, así como dejó claro su compromiso con las revoluciones de Nuestramérica, lo que también se hace patente en su poesía y su ejercicio como secretario del PDCI, Partido de los Comunistas Italianos) en Lanusei (Sardegna), pueblo donde reside en Italia.

Así nos contaba él mismo, en una entrevista realizada a propósito de su viaje a Venezuela: “Hay dos temas predominantes en mi poesía: lo social y lo amoroso. Todo podría resumirse en una sola Patria. Dar testimonio de ella. Pero creo que es el amor el eje sobre el cual se articulan todas las cosas. Es en esta dirección que va el acto creativo. Sea la constante que da un sentido. No hay arte fuera de las luchas, no hay lucha sin amor. Creo que una revolución es un infinito poema colectivo”.

No en vano, nuestro poeta Gustavo Pereira, cuyas palabras dan prólogo a su libro Giovannía, publicado por la editorial El Perro y la Rana, dentro de la colección Poetas del mundo, y bautizado el pasado miércoles 19 de junio, confirman este gran poder del amor al que alude Impaglione: “Confío en que la copa de música celeste y terrestre y oceánica de Giovannía servirá a otros amantes en el mundo para brindar por el fervor y por la vida y por la perenne revelación que seguirá siendo, mientras lo humano exista, el amor”.



Historia de un camino poético

- ¿Cómo nació en ti el tránsito hacia la palabra poética, tus primeros textos?

- Todo parecía estar en el aire. Tal vez sea un Buensueño el que se encarga de ciertas tareas que requieren de paciencia artesanal. Pertenezco a una generación que aprendió a leer y escribir en los sesenta. Desde muy pequeño el rito de la siesta, o el reposo luego de la cena comenzó de la mano de un libro. Por aquellos años la TV no era omnipotente, se disponía del tiempo para las cosas esenciales (jugar en el patio o en la calle con los pibes del barrio, descubrir el mundo en bicicleta, entender los dominios de la pelota, hablar con los gatos y los pájaros, preguntarse, leer...). La familia es el primer estimulador, una biblioteca en la casa, desordenada, quiero decir: viva, con estantes al alcance de la mano de un niño, provoca invenciones que más temprano que tarde podrán romper oscuridades enteras.

Y también el segundo entorno, la sociedad. Entonces podía verse el desfile de jóvenes de un lado al otro con guitarra o libros, las rondas en los parques donde se cantaba y cada tanto alguien leía un poema. Las discusiones políticas. Además el vínculo de la música popular con la poesía era tan fuerte, que resultaba imposible ser indiferente a la palabra.

Con una familia donde la lectura es un hábito natural, en una sociedad que ponía en discusión casi todo, al menos en alguna Argentina, cualquier hijo del pueblo podía tener acceso a las preguntas.



- ¿Y dónde comienza la poesía?

- No sé. Me vi de pronto volcado sobre un cuaderno, lápiz en mano, con todo el tiempo de mi lado, cuando todavía no sabía el amor, la muerte, la desgarradora injusticia lloviendo miseria y pretendía con dos palabras balbuceadas explicar el mundo.

Fui madurando de verso en verso, viéndola asomarse detrás de una ventana, en una esquina, entre la gente. Cuando ella, descalza, caminó en el barro de los barrios pobres, supe algunas razones de la tristeza (con el tiempo vinieron todas las otras razones); cuando corrió a refugiarse en medio de balaceras que rompían el follaje de las cimas supe de hombres nuevos y de buenosueños (más tarde llegarían dolores irreparables). La vi aterrada en cualquier umbral oscuro refugiándose de los perros enmascarados y supe del terrorismo de Estado, más tarde, las tumbas NN, dantescas, me trajeron nombres de poetas, poemas, ecos de un canto que no se apaga. La indignación me quemó las manos.

Entonces los pies descalzos, las casas de cartón, mi abuelo inmigrante italiano y los tantos inmigrantes hermanos amontonándose en las periferias donde corríamos a jugar al fútbol, comenzaron a tener para mí un aquí y ahora y no solo en la lectura. Ese fue quizá el punto de partida. Fue luego el amor, un país cuyo borrón había visto en cualquier página. Y con él a contrapelo la distancia de la patria, de la infancia, que vino a explicarme algunas cosas. Que me hizo entender los silencios largos del abuelo.



Movimientos y pausas

Impaglione pareciera estar siempre a la caza de versos, pero también de razones para el amor a la gran patria de la poesía y de las causas del hombre. Además de su labor política, organiza desde el año 2007 los encuentros de poesía Palabra en el mundo, que sin institucionalidad alguna permiten que se reúnan, en torno a la palabra, lectores de poesía en todo el mundo, algún día del mes de mayo –pues la fecha es movible-, previo a los días del Festival de Poesía de La Habana, Cuba. Es creador de varios blogs –algunos de los cuales se los han censurado por abordar temas que cuestionan al imperio estadounidense, el cerco a Cuba, pero hoy persiste en sitios como palabraenelmundo.blogspot.com, festivalpalabraenelmundo.spaces.live.com y http://www.palabraenelmundo.net/.

Sin embargo, para la escritura, requiere de un espacio calmo donde trasegar la rutina de los días y reencontrarse con la esencia de la creación: “Escribo mucho, a diario, procurándome el silencio de la noche. Necesito del silencio. En mi andamio tengo un cuaderno lleno de jeroglíficos (¡Ah! Mi caligrafía) y un teclado gastado de un viejo pc. Y las fotos de mis hijos, de Giovanna, de los amigos, un gran retrato del Che realizado por el mítico Ricardo Carpani, una pintura de árboles de mi hermano Juan Brambiya, varias pilas de libros de poesía que los hermanos poetas enviaron con tanta ternura. En cierta forma estos elementos son como un punto de partida y una razón. Una señal que juega de brújula. Todo lo demás es tan dinámico y caótico que me resultaría cuesta arriba ahora siquiera pensarlo”.


- ¿Para ti la poesía es comunicación con el mundo, catarsis interior, construcción de un lenguaje propio, diálogo con los sujetos sociales o una mezcla?

- Hay un poco de cada cosa, salvo la catarsis. El poema, guiado por el ímpetu de las fuerzas donde razón alguna gobierna, en algún punto de su proceso pasa por la reflexión. La catarsis me ha llevado a escribir panfletos de los que apenas pude rescatar algunas palabras, algún verso. Una vez aprendido esto he dejado cierta actividad de descompresión definitivamente en manos de mi oficio de arquero de fútbol.

En la poesía la fuerza ética precipita con la energía estética, allí se precisa un poco de esa paciente voluntad propia de los buscadores de imposibles. De aquello que queda del primer desarrollo, del volcado original de los versos, se debe extraer la palabra, hay una esencia que pide ponerse en evidencia, aunque no se note a simple vista. Tal vez la madurez poética requiera de menor uso de punzón y martillo. No sé. Sí sé que debemos sacar de la roca la imagen, para que todo el mundo la vea. No es automático, no hay mecanismo que funciona con apretar una tecla. La compulsividad tal vez amontone signos que hasta podrán interpretarse, obviamente. Pero... la poesía... no me parece que pueda prescindir de cierto trabajo reflexivo. Aunque resulte demasiado fatigoso, coincido con Jorge Debravo quien escribe: “Traigo el poema, que es traer el mundo a las espaldas”.



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Baúl de libros

Gabriel Impaglione es autor de varios libros de poesía y narrativa, con títulos como Otras explicaciones (México, Ala de Avispa Editores), Parte de guerra (Sur editores), un pequeño poemario “dedicado a algunos nombres y luchas de nuestros pueblos de Patriagrande. Se trata de una flamante editorial del Proyecto Cultural Sur que dirige en Venezuela el poeta Rey D’Linares. Ambos estamos muy felices por la respuesta que ha tenido ese puñadito de versos”, explica y más recientemente Giovannía (El Perro y La Rana, 2012). ”En cuanto a manuscritos, inéditos, guardo más de una docena de títulos de poesía y un par de narrativa, que alguna vez saldrán a la calle a revivirse de mano en mano. Mientras tanto los revisito cada tanto, desguazo, corto, reemplazo... transformo, añade.

Su obra se ha traducido al portugués, italiano, sardo, francés, catalán, gallego, inglés, rumano y búlgaro. Dirige la revista internacional de poesía Isla Negra y es fundador y coorganizador del Festival Internacional de Poesía Palabra en el mundo.

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XI



Qué vienes a traerme

origen que no supe

o divinidad perdida

nave de espuma

en la orilla quemada

agua pura en la sed

del viento

urgencia de alas



qué sangre victoriosa

esa gota infinita

que nos abisma



(De: Giovannía)










miércoles, 20 de junio de 2012

“El festival rinde homenaje a los poetas que han estado a mi lado”


Enrique Hernandez D'Jesús, escritor homenajeado del 8vo Festival Mundial de Poesía, es además editor, fotógrafo y... cocinero

Texto: Carmen Isabel Maracara. Foto: AVN





Aprendió a amar la palabra cuando de niño escuchaba a su padre recitar versos que transitaban entre Andrés Eloy Blanco y la poesía colombiana de la época, animado por unos whiskys o unos “brandicitos”. El abuelo también lo llevó a indagar en el país hermano, pues de allí contrabandeaba caballitos de madera. El padre inventaba helados en su Mérida natal, rodeado de deliciosas mercaderías de gourmet, quesos, jamones: allí nació una vocación gastronómica. Y el amor hizo posible la mirada hacia la cámara: en la década de los 70, comenzó a fotografiar a artistas plásticos, pues fungía de director de la galería merideña la Otra Banda. La historia literaria del país se hizo también imagen, cajas, escritores embotellados.
Enrique Hernández de Jesús es el homenajeado de la 9na edición del Festival Mundial de Poesía que se instala en todo el país del 17 al 23 de junio. O eso creemos. “Disculpa. No soy el poeta homenajeado. Tú estás hablando con Enrique Hernández D'Jesús; el homenajeado se llama El Catire Hernández, es decir, mi otro yo. Y el escritor homenajeado no soy yo, son todos los poetas que han estado a mi lado, mis maestros; los pintores, los creadores y artistas que han estado conmigo. Ellos son los homenajeados. Yo soy un vehículo, un vaso comunicador de Enrique Hernández D' Jesús”.

De doble familia literaria

- Quería comenzar hablando de tu familia, porque siempre en tu obra hay referencias a tus ancestros. ¿Por qué esa impronta de la memoria, cómo fue tu infancia? ¿Tu familia tiene que ver con tus inicios como poeta?

- Quizás eso tiene que ver con mis maestros…

- ¿Con tus maestros literarios?

- Sí : Salvador Garmendia, el Chino Valera Mora, Luis Camilo Guevara, Mario Abreu y Carlos Contramaestre, fundamental en mí, porque él me arropó y me introdujo dentro de su mundo para enseñarme cosas. Porque yo pensaba -ni siquiera lo decía- que me gustaría leer a Blanca Varela y por arte de magia, al otro día, Contramaestre se aparecía con un libro de ella. Leía mi pensamiento, sabía mis cosas, mis gustos.

- Era como tu tutor literario…

- Pero que además adivinaba lo que pensaba me podía gustar. Por supuesto, otro fue Ramón Palomares, con quien tengo una gran vinculación y que es un maestro que me continúa guiando. Después tengo mis hermanos: Luis Alberto Crespo, Luis Camilo Guevara, Caupolicán Ovalles, Pepe Barroeta, el propio Chino Valera Mora, aunque yo lo considero maestro y hermano, tiene las dos cosas; era también mi jefe político, de cierta manera. Pedro Parayma tuvo que ver mucho en mi infancia. Y salto de esa liebre, a camellos mejores: Juan Sánchez Peláez y Vicente Gerbasi, que son mis abuelos, pero son también maestros, tíos, padres, madres, comadres... Los poetas han sido muy importantes para mí.

- Tu familia…

- Mi familia, sí. Y el hecho de vivir en Mérida, de haber nacido allí, conocer ese mundo andino y escuchar cuando era niño a Ramón Palomares… Él fue como un puente que se abrió en el camino. Lo escuché recitar cuando yo tenía como 16 ó 17 años en Boconó; él mismo me llevó hasta allí, yo trabajaba y también escribía. Y me dije: “Un día yo voy a ser como él…’.

- ¿En qué trabajabas?

- A los 14 años fundé un ateneo en Mérida, que se llamaba Ateneo Venezolano Francés René Descartes. Y después, en 1964, hicimos una revista: Mundo Ideológico, eso fue en el año 1964, yo nací en 1947, tenía 17 años… Yo escribo un texto allí sobre Ludwing Van Bethoven. ¿Pero por qué ramificación llego yo a ese mundo? Es muy extraño, porque nací en una heladería; es decir, mi mundo son prácticamente los helados y un negocio de exquisitices de mi padre donde había jamones, quesos, chorizos, whisky, licores de todos los tipos. Yo trabajaba ahí; es decir que mi mundo era la fabricación de helados, los sabores. De allí, quizás, mi apreciación sobre el gusto.

Milagros gastronómicos

Su pasión por los fogones, nacida en la infancia por la fértil presencia de olores, sabores, llega hasta nuestros días. Inventor de historias y de platos, cuenta que cuando el hombre llegó a la luna, el 16 de julio de 1969, él estaba reunido en París con Marguerite Duras y Joyce Mansur, la última novia de André Breton, en la casa de Jean Michel Fossey y preparaba para ellos comida venezolana, un pabellón. Pero perdió la atención a la cocina durante los mágicos momentos en los que el astronauta pisaba el satélite terrestre y se quemó la comida. Tomó solamente las porciones superiores de las preparaciones, las arregló bellamente en bandejas y juró ante sus famosos comensales que: “Éste es un plato que se prepara en Maracaibo, que es la zona petrolera del país, por eso estos platos son negros. ¡Te lo juro!” Y Marguerite Duras me dijo luego: 'Por favor, poeta, yo quiero que lo vuelvas a preparar'. Y le dije que no, que mi cocina era imaginaria, imaginativa, que no repetía”.

Así, Hernández D' Jesús, es autor de varios libros de cocina, algunos publicados incluso fuera de Venezuela, como lo son La tentación de la carne y Para comerte mejor, en manos de Arte Dos Gráfico. Y en honor a su hibridez, la que declara orgulloso, sus obras de poesía también incluyen recetas memorables como las que están en Nuevo vestuario (Monte Ávila Editores, 2011), con nombres tan sugestivos como “Gallo melancólico y gallo”, “Coneja a Palas Atenea” o “Risotto a la milanesa a la manera azafranosa”. Pronto aparecerá La espiga plateada, en la editorial El Perro y la Rana, “un libro nada más con el arroz, rissottos, paellas, asopados, etc”, explica. Pero el mejor plato que prepara, asegura, “es la muchacha rellena”.

- ¿Piensas que la poesía es también materia de sal y pimienta?

- Es igual. Déjame explicarte. Hay algo que es muy fácil determinar en la cocina; nosotros conocemos normalmente lo salado y lo dulce, y desconocemos el agrio, el simple, el picante... Todos esos sabores no entran dentro de nuestras papilas gustativas. Igual pasa con los sentimientos: sabemos de la alegría y la tristeza, y resulta que la melancolía, el odio, la rabia, todos esos también son importantes. Conocemos dos sentimientos y dos sabores, pero son miles de ellos. Cuando uno comienza a acariciar el mundo de los sentimientos y de los sabores, se introduce en un lugar distinto y puedes apreciar mejor la vida.

El camino de la imagen

Cuenta El Carite que su andar por la fotografía comenzó entre los años 72 a 77, cuando dirigía la galería La Otra Banda en Mérida. “Es decir, que desde 1972 hasta hoy en día, son 40 años haciendo fotografía. Los dos géneros se unen en uno solo, yo no tengo preferencia por la poesía ni por la fotografía. Son mis dos mujeres, mis dos grandes amantes”.

- Alguna vez dijiste en una entrevista: “Soy híbrido”, ¿eso te define como creador?

- Totalmente, porque no solamente soy esas dos cosas, soy híbrido también con la gastronomía, como editor.

- ¿Cuál es tu nombre de pila? ¿Cómo se llamaban tus padres?

- Enrique del Carmen. Es decir yo tengo alma de hombre y de mujer.

- ¡De ahí viene también la hibridez!

- Bueno, Venus García es un libro escrito en voz femenina. Mi padre se llamaba Enrique Antonio Hernández y mi madre Rita D'Jesús. Mi apellido D'Jesús no es inventado. Por otro lado, por el hecho de que tú me hayas entrevistado, todos los pecados que has tenido en tu vida te han sido perdonados, porque yo desciendo directamente de Jesús, la familia D'Jesús viene directamente de Jesucristo. Cuando la gente me escucha, me lee, están perdonados. Después que yo me pare, comienzan de nuevo a pecar (Risas). Ya no te hagas mala conciencia: ¡no tienes pecados!

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Mensaje al presidente Chávez

“Yo le he mandado varios mensajes, a ver si el tuyo le llega. Que si no habla de mí en sus programas de televisión, me voy a salir del Psuv… Porque el Presidente es el mejor vendedor de libros que tenemos, lo que tiene que hacer es nombrarme con un solo libro y más nada.

- ¿Pero cuál libro quieres que nombre?

- ¡Cualquiera! Tengo 30 libros publicados. ¡Que por favor nombre alguno!

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Una revolución editorial

Hernández D'Jesús destaca el avance que en materia de libros y lectura se ha realizado en revolución. “Miguel Márquez hizo una gran labor con la creación de El Perro y la Rana por ejemplo; es una editorial única no solamente en la historia de América, sino del mundo, por sus millones de ediciones de libros, reediciones, la colección de poetas del mundo. También está Monte Ávila, la colección Altazor es también única, no existe otra en América Latina que tenga la misma fuerza. Y lo mismo diría de la biblioteca Ayacucho, otra joya impresionante. Y las ferias del libro, que han demostrado que funcionan y sirven para crear conciencia literaria y social. Hay una Venezuela floreciente en materia de lectura, conciencia social, sensibilidad, revolución. Es muy importante darnos cuenta lo grande de esta revolución, que ha abierto los ojos, no solo para el mundo venezolano y latinoamericano sino para el mundo entero”.

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Pequeña bibliografía

Entre sus obras se pueden nombrar: Muerto de risa, 1968; Mi abuelo primaveral y sudoroso, 1974; Así sea uno de aquí, 1976; Los últimos fabuladores, 1977; Mi sagrada familia, 1978; Mi abuelo volvió del fuego, 1980; El circo, 1986; Retrato en familia, 1988; Los poemas de Venus García, 1988; Recurso del huésped, 1988; Magicismos, 1989; La semejanza transfigurada (94 fotografías intervenidas por Vicente Gerbasi), 1996; y La tentación de la carne, 1997. Ha obtenido diversos premios de literatura y de fotografía.

domingo, 10 de junio de 2012

“Nací en Uruguay pero Venezuela me hizo”

Del país invitado a la Filven 2012 nos visitó el escritor Hugo Achugar, quien volvió a reconocerse en su historia venezolana




R: Carmen Isabel Maracara. Foto: AVN




El 25 de febrero de 1975, con 31 años recién cumplidos, Hugo Achugar llegó a Venezuela. Con tres libros de poesía publicados en su país natal, Uruguay, y dos premios obtenidos, “era una joven promesa”, cuenta sobre sí mismo, pues allí la juventud “dura hasta los 45 años”. En forma instantánea, se hizo viejo. Pero en esa inesperada vejez del exilio, comenzó a fraguarse una densa experiencia que dio lugar a muchos alumbramientos como lo fue su participación en la creación del grupo literario Tráfico; el nacimiento del Celarg, así como su paso en las aulas universitarias en las escuelas de letras de la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Católica Andrés Bello.


Hoy, Hugo Achugar –poeta, narrador, crítico, docente e investigador, es director nacional de cultura de la República Oriental del Uruguay y vino al país recientemente con motivo de la 8va edición de la Feria Internacional del Libro, la que tuvo como país homenajeado esta nación sureña. Para Achugar, sus casi 10 años en el país, fueron el fermento de mucho de lo que actualmente lo conforma.


- Cuando usted vivió aquí fue docente, investigador, participó en varias instituciones culturales… Dentro de su gestión actual en la cultura institucional de su país, ¿conserva una impronta de su estadía en Venezuela?


- Por supuesto. Ayer hubo un panel en torno al tema de la fundación Celarg, de la cual fui parte. La institución comienza en noviembre-diciembre de 1974 y yo me incorporo en febrero de 1975. Soy cuasi fundador. Durante mi estadía en Venezuela, aparte de mi labor docente, ejercí como investigador, y la experiencia del Celarg en ese sentido fue fundamental, no solo por lo interdisciplinario, sino por toda la gente que pasó allí. Fue un espacio de pensamiento libre y sin ningún tipo de censura, donde nos confrontábamos. Era un trabajo en equipo y de intercambio de ideas muy fecundo. Y cuando yo digo, nací en Uruguay, y Venezuela me hizo, me estoy refiriendo en parte importante a esa experiencia, además de lo afectivo, de todos los amigos que me hicieron amar a Venezuela y descubrir América Latina. Siempre cuento que yo venía de Montevideo, del Cono Sur y no tenía una idea de lo que era verdaderamente esta región. En Venezuela descubro o aprendo a conocer a América Latina.


- Se acaban de realizar algunas coediciones entre Monte Ávila y la editorial Trilce de Uruguay que se bautizaron en la Filven, entre ellas su novela Falsas memorias. ¿Esto va a ser el comienzo de un intercambio cultural más dinámico?


- Sí, esperamos que así sea. Se hizo una reunión entre los dos ministerios de Cultura y los ministros acordaron, junto con los embajadores, una serie de temas para un acuerdo bilateral, que entiendo que va a ser discutido en la próximas semanas con la llegada del vicecanciller uruguayo Conde, y las autoridades venezolanas.


- ¿En cuáles áreas?


- Hay un punteo muy concreto en temas de música, como el Sistema Nacional de Orquestas que dirige José Antonio Abreu, así como el Centro Nacional del Disco (Cendis), con lo que son las usinas culturales en Uruguay, estudios de filmación y grabación de audio que se instalan en distintas partes del territorio nacional y también en cárceles y hospitales. Vamos a ver las posibilidades de diálogo y de intercambio con la experiencia del Cendis. Después hay temas de museos, de intercambio de escritores, con la Biblioteca Nacional, Biblioteca Ayacucho, así como en educación porque en Uruguay el ministerio es de Educación y Cultura.






Blanca Luz Braum: de fábulas y verdades


- Quería preguntarle sobre su novela Falsas Memorias, cómo se interesa por la poeta Blanca Luz Braum, ese personaje tan controvertido que terminó siendo pinochetista. ¿Cuál fue el proceso de este trabajo narrativo?


- En realidad empecé a interesarme por la obra de un poeta vanguardista, peruano-uruguayo, Parra del Riego, un ultraísta,y buscando información me encontré con algunos de los libros de testimonios o memorias de Blanca Luz Blum. Me empiezo a fascinar con ella, porque es un personaje, por su vida particular. Independientemente de todo, ella tiene un espíritu de libertad como el de Frida Khalo, Magda Portal, la peruana, como lo tuvieron tantas. Empecé a indagar y de pronto me encontré con los documentos contradictorios. Trabajé su archivo de cartas; las que están en la novela son reales. Comienzo a escribir y en determinado momento, el personaje me gana, pero ese personaje que va creciendo en mí. No sé si es ella, es mi personaje.


“Eso se vincula con todo un tema que teóricamente me interesa mucho y me continúa interesando, sobre cuál es el valor del documento en la historia, en qué medida el documento es verdadero o no. Si la memoria, la historia, el recuerdo y el mal recuerdo son verdaderos. Por eso el juego de un supuesto texto biográfico. Volví loca a mucha gente, coloqué algunas notas a pié de página. Esto ya lo hizo Miguel Barnet con Biografía de un cimarrón, en el sentido de que usaba las notas a pie de página como un documento de validación, pero también fue un recurso de Borges, quien empleaba las notas como mentira. Algunas de mis notas de a pié de página son rigurosamente ciertas y otras son rigurosamente falsas.


- Entonces surge un intercambio de realidad y ficción, en la que el autor y los referentes se disfrazan.


- Claro, aparecen en la novela. Mi esposa está mencionada como una fuente de autoridad, o libros que no existieron, y que yo invento. Esta discusión quizás está muy influida por un teórico italiano que a mí me importó mucho, Carlos Ginspurt, un historiador que tiene un libro Retórica, verdad y prueba, donde precisamente discute como historiador y desmitifica la fetichización que se hace a veces del documento, de las fuentes. La novela juega con eso y con algo muy humano: uno, con el tiempo, reconstruye su historia a su manera. La memoria nunca es absolutamente fidedigna. Por eso, aunque la novela es sobre Blanca Luz, eso es indiscutible, se llama Falsas Memorias.


Achugar, de regreso a su país, hacia el exilio que también es su partida de Venezuela, sabe que el hogar es un tránsito, que hay un país donde los yesqueros continúan alumbrando, brevemente, alguna oscuridad, además de encender cigarrillos y que se amanece de bala y si no, se manda todo al carrizo.



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“Venimos de la noche y hacia la calle vamos”


Durante su estadía en la Filven 2012, el escritor uruguayo participó de un encuentro-recital con algunos integrantes del grupo Tráfico, como Miguel Márquez y Rafael Castillo Zapata. Aunque no fue firmante de su manifiesto literario, sí suscribía la declaración de principios de esta agrupación, que buscaba renovar con nuevos alientos la poesía que se escribía entonces, invocando una vinculación mayor con el Otro y el país.


“Fue un momento especial, un golpe, una inflexión. Era como sintonizar con hechos que estaban pasando en el resto de América Latina. Pero también el grupo Tráfico reconocía raíces, no planteó cortar con todo, no. Había un diálogo, tanto en Tráfico, y también en alguna gente del grupo Guaire, con lo que se estaba haciendo en América Latina, pero también con lo que algunos poetas habían hecho en Venezuela, como Víctor Valera Mora, por ejemplo. Eso es clarísimo. Hay textos suyos, libros, que fueron referencia, como Amanecí de Bala. Estoy pensando también en Miguel Hernández, pero también en Luis Enrique Pérez Oramas, su diálogo con el bolero y con la salsa. Y Rafael Castillo hace ese espléndido ensayo titulado Fenomenología del Bolero. O el diálogo con la intimidad que uno puede encontrar en Yolanda Pantin o de otro modo en la poesía de Igor Barreto, que recupera esa cotidianidad del llano. Podría ir nombrando uno por uno, Leonardo Padrón, todos, y Armando Rojas Guardia, que también se vuelve una referencia, porque es un poco el padre.


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Las muchas patrias


Ante la pregunta si con su regreso a Uruguay concluyó su exilio, el escritor arguye que aunque en lo personal sí, existe una fractura por sentimientos divididos. “Hay un narrador norteamericano, Thomas Wolfe, que dice que uno nunca vuelve a casa; una vez que se va, no se regresa más. La fractura que significa el exilio no se termina de curar. El otro día me descubrí, antes de ayer, aquí en Caracas, descubrí que hace tiempo que en Montevideo pedía un yesquero y algunos jóvenes no me entendían. Entonces me decía, “Hugo, ¡qué viejo que estás!”, porque yesquero en Uruguay es un arcaísmo. Pero ahora que volví por la Filven y fui y pedí un yesquero, me di cuenta que lo que pasaba es que estaba hablando en venezolano… En mi léxico hay expresiones venezolanas que están presentes. En la lengua uno puede ver las capas geológicas de lo que uno ha sido en la vida, pero además de los lugares o las hablas que ha hecho suyas.